Santos Muñoz llega a la entrevista con la misma energía que tiene Código 10-45 en escena. Habla rápido, sin rodeos, con esa mezcla de convicción y modestia que suele tener quien sabe exactamente lo que quiere hacer aunque no siempre sepa cómo explicarlo. El Premio Mejor Dramaturgia del Certamen de Coslada llegó antes de que la obra abriera en Salto Escénico. Lo que vino después fue el público.

01 Código 10-45 arranca con un atraco y termina siendo algo más incómodo que eso. ¿De dónde viene la idea? ¿Hubo un momento concreto en el que decides que esto tiene que ser teatro y no cine?

Pues de escribir y reescribir hasta encontrar un final con el que se me pusieran los pelos de punta. Mi primera y única idea ha sido llevar algo diferente a las tablas.

02 La referencia a Tarantino es inmediata para muchos espectadores. ¿Hasta qué punto es una influencia consciente, y qué le da el teatro a ese tipo de historia que la pantalla no puede darle?

Para mí ver cómo Tarantino utilizó referencias de las mejores películas wéstern en sus propias películas me enamoró, hasta la idea de intentar hacer lo mismo mostrando un pequeño homenaje de él con sus propias películas, wéstern y, cómo no, con nuestro cine quinqui de los ochenta.

03 Escribir cinco personajes en tensión constante dentro de un espacio cerrado es un problema estructural enorme. ¿Llegas al texto con un mapa previo o la arquitectura fue apareciendo durante el proceso?

Todo fue apareciendo durante el proceso. Prueba y error, prueba y error.

04 La sangre en primera fila convierte al espectador en parte de la obra — su cuerpo entra en juego. ¿Eso estaba calculado desde que escribiste el texto o surgió en los ensayos?

La sangre siempre estuvo en mi cabeza. Poco a poco hemos ido perfeccionando el truco para que fuera un paso más de la coreografía.

El Certamen de Coslada: Santos Muñoz recibió el Premio Mejor Dramaturgia en este certamen con Código 10-45. El reconocimiento llega al texto —no a la dirección ni a la interpretación— en una obra donde las tres responsabilidades recaen en la misma persona.

05 El Certamen de Coslada te da el Premio Mejor Dramaturgia — no el de dirección ni el de interpretación, sino el del texto. ¿Qué significa ese reconocimiento específico para ti?

Ese premio es un reconocimiento sin duda al esfuerzo de plasmar tus ideas en una hoja, sin saber si la mierda que estás escribiendo te gusta solo a ti, o también le va a gustar a los demás. Para mi trabajo me reafirma que no voy mal encaminado con mi propio sello.

06 ¿Cómo funciona el proceso con Babylon Teatro? ¿Llegas con el texto cerrado o hay una construcción conjunta?

Hay un proceso conjunto de construcción.

07 La lucha escénica que firma Kike Inchausti convierte la violencia en coreografía. ¿Cuándo entra ese trabajo en el proceso y cómo afecta a lo que ya estaba escrito?

Kike, desde aquí si me lees, un fuerte abrazo. Con Kike analizamos las escenas que ya estaban escritas y nos pusimos a trabajar en ellas, sin más.

08 ¿Qué tiene que tener un elenco para que una obra como esta funcione? Porque lo que se ve en escena requiere una entrega y una precisión muy concretas.

Ganas de comerse el escenario, y mucho, pero que mucho compromiso. De ahí en adelante todo es trabajo constante.

09 La obra se está viendo en Salto Escénico, una sala joven de Madrid. ¿Qué tiene ese espacio para esta producción?

Hemos adaptado el espectáculo a la sala. Era un reto para nosotros tener tan cerca al público.

10 ¿Qué piensas de la etiqueta «teatro amateur» cuando se aplica a compañías que hacen el trabajo que hacéis vosotros?

Es una pregunta muy difícil de responder, pero lo voy a intentar.

Es una etiqueta con una doble cara bastante compleja. Por un lado, viene de hacer las cosas por puro amor al arte, por pasión, sin ninguna presión de tener que pagar facturas a fin de mes con la taquilla. Esa libertad creativa es un privilegio brutal. Permite asumir riesgos, levantar montajes ambiciosos por puro placer y mantener viva una comunidad que se apoya por amor al teatro.

El problema es el sesgo y la condescendencia que rodea al término en el imaginario colectivo. Para mucha gente —y lamentablemente para mucha—, «amateur» se confunde erróneamente con «aficionado» en el peor sentido: falta de rigor, escenografías descuidadas, textos flojos o interpretación «de andar por casa».

Cuando se aplica a compañías que cuidan el diseño técnico, ensayan horas interminables tras sus jornadas laborales, gestionan iluminación y sonido al detalle, pulen el texto palabra a palabra y llenan salas con propuestas sólidas, la etiqueta se queda ridículamente corta y resulta muy injusta.

11 ¿Cuánto tiempo más va a estar Código 10-45 en cartelera? ¿Hay planes para llevarla a otros espacios o ciudades?

Pues si el público quiere —porque sin ellos no somos nada— estaremos en Salto Escénico hasta que se cansen de nosotros. Y si no, seguiremos buscando espacios y certámenes hasta el infinito y más allá.

12 ¿En qué estás trabajando ahora?

«Justicia al corte» es otra obra más con mi sello personal. «Yo siempre quise ser un goonie». ¿Y tú?

13 ¿Hay un texto, una obra o un autor que te cambió la manera de entender el teatro? Uno que todavía notes cuando escribes.

Pues como autor, actor y director, Sergio Peris-Mencheta es uno de los que más me gusta. Mi gran inspiración es más cinematográfica que teatral. Mis pelis ochenteras y sus bandas sonoras son mis referentes para crear obras diferentes. Aquella época creo que es irrepetible.

Código 10-45 se puede ver en Salto Escénico (Calle Granada 10, Madrid, Barrio Pacífico). Dramaturgia, dirección e interpretación: Santos Muñoz. Compañía: Babylon Teatro. Lucha escénica: Kike Inchausti.