Santos Muñoz llega a la entrevista con la misma energía que tiene Código 10-45 en escena. Habla rápido, sin rodeos, con esa mezcla de convicción y modestia que suele tener quien sabe exactamente lo que quiere hacer aunque no siempre sepa cómo explicarlo. El Premio Mejor Dramaturgia del Certamen de Coslada llegó antes de que la obra abriera en Salto Escénico. Lo que vino después fue el público.
Pues de escribir y reescribir hasta encontrar un final con el que se me pusieran los pelos de punta. Mi primera y única idea ha sido llevar algo diferente a las tablas.
Para mí ver cómo Tarantino utilizó referencias de las mejores películas wéstern en sus propias películas me enamoró, hasta la idea de intentar hacer lo mismo mostrando un pequeño homenaje de él con sus propias películas, wéstern y, cómo no, con nuestro cine quinqui de los ochenta.
Todo fue apareciendo durante el proceso. Prueba y error, prueba y error.
La sangre siempre estuvo en mi cabeza. Poco a poco hemos ido perfeccionando el truco para que fuera un paso más de la coreografía.
El Certamen de Coslada: Santos Muñoz recibió el Premio Mejor Dramaturgia en este certamen con Código 10-45. El reconocimiento llega al texto —no a la dirección ni a la interpretación— en una obra donde las tres responsabilidades recaen en la misma persona.
Ese premio es un reconocimiento sin duda al esfuerzo de plasmar tus ideas en una hoja, sin saber si la mierda que estás escribiendo te gusta solo a ti, o también le va a gustar a los demás. Para mi trabajo me reafirma que no voy mal encaminado con mi propio sello.
Hay un proceso conjunto de construcción.
Kike, desde aquí si me lees, un fuerte abrazo. Con Kike analizamos las escenas que ya estaban escritas y nos pusimos a trabajar en ellas, sin más.
Ganas de comerse el escenario, y mucho, pero que mucho compromiso. De ahí en adelante todo es trabajo constante.
Hemos adaptado el espectáculo a la sala. Era un reto para nosotros tener tan cerca al público.
Es una pregunta muy difícil de responder, pero lo voy a intentar.
Es una etiqueta con una doble cara bastante compleja. Por un lado, viene de hacer las cosas por puro amor al arte, por pasión, sin ninguna presión de tener que pagar facturas a fin de mes con la taquilla. Esa libertad creativa es un privilegio brutal. Permite asumir riesgos, levantar montajes ambiciosos por puro placer y mantener viva una comunidad que se apoya por amor al teatro.
El problema es el sesgo y la condescendencia que rodea al término en el imaginario colectivo. Para mucha gente —y lamentablemente para mucha—, «amateur» se confunde erróneamente con «aficionado» en el peor sentido: falta de rigor, escenografías descuidadas, textos flojos o interpretación «de andar por casa».
Cuando se aplica a compañías que cuidan el diseño técnico, ensayan horas interminables tras sus jornadas laborales, gestionan iluminación y sonido al detalle, pulen el texto palabra a palabra y llenan salas con propuestas sólidas, la etiqueta se queda ridículamente corta y resulta muy injusta.
Pues si el público quiere —porque sin ellos no somos nada— estaremos en Salto Escénico hasta que se cansen de nosotros. Y si no, seguiremos buscando espacios y certámenes hasta el infinito y más allá.
«Justicia al corte» es otra obra más con mi sello personal. «Yo siempre quise ser un goonie». ¿Y tú?
Pues como autor, actor y director, Sergio Peris-Mencheta es uno de los que más me gusta. Mi gran inspiración es más cinematográfica que teatral. Mis pelis ochenteras y sus bandas sonoras son mis referentes para crear obras diferentes. Aquella época creo que es irrepetible.
Código 10-45 se puede ver en Salto Escénico (Calle Granada 10, Madrid, Barrio Pacífico). Dramaturgia, dirección e interpretación: Santos Muñoz. Compañía: Babylon Teatro. Lucha escénica: Kike Inchausti.