Calle Granada 10, Madrid, código postal 28007. El Barrio Pacífico, distrito Retiro, a unos metros del metro y a pocos minutos andando de Atocha. En esa dirección abrió el 6 de marzo de 2026 el Salto Escénico: una sala de 115 butacas —198 en configuración abierta, sin butacas desplegadas— que sus fundadores describen como un espacio donde "el público sienta que forma parte de lo que sucede en escena".

Los creadores son Luis Otero y Keka Monreal. Monreal venía de la Sala El Pasillo Verde, otro espacio del circuito alternativo madrileño que ella misma había cofundado y del que era exsocia. Otero está vinculado a Hades Group. El proyecto reúne, en el mismo espacio físico, tres cosas que habitualmente van por separado en el circuito alternativo: una sala de representaciones, dos escuelas y un programa de membresía para fidelizar público.

Por qué una sala nueva importa

Madrid tiene un circuito de salas alternativas consolidado. MACOMAD, la asociación que las agrupa, suma más de una decena: Cuarta Pared, El Umbral de Primavera, Teatro del Barrio, Nave 73, Teatro Pradillo, entre otras. Cada una tiene su historia, su público, su línea artística más o menos definida. Algunas llevan décadas. El circuito no necesitaba más salas como necesita, quizás, más público fiel, más recursos y más visibilidad.

Y sin embargo las salas nuevas siguen teniendo sentido, porque cada apertura es una apuesta sobre qué tipo de teatro necesita existir y dónde necesita existir. Salto Escénico no abre en Lavapiés ni en Malasaña —los barrios del teatro alternativo madrileño por tradición— sino en el Barrio Pacífico, una zona del Retiro con menos saturación de oferta cultural y con una vecindad que históricamente ha tenido menos acceso a la sala pequeña, al teatro cercano.

El circuito alternativo madrileño: Las salas asociadas a MACOMAD incluyen espacios tan distintos entre sí como la Sala Cuarta Pared (con una trayectoria de más de tres décadas en teatro físico y danza), Teatro del Barrio (vinculado a la izquierda política y al teatro de compromiso) o Nave 73 (apuesta por la creación emergente). El Umbral de Primavera y Teatro Pradillo completan una geografía diversa que cubre casi todas las disciplinas escénicas. Salto Escénico abrió en marzo de 2026 y aún no figura en las listas de MACOMAD ni en el festival Surge Madrid, lo cual es coherente con su reciente apertura. Su integración en el circuito institucionalizado está por consolidar.

Programación diversa, sin especialización declarada

La propuesta de Salto Escénico no se define por un género ni por una línea dramatúrgica específica. En su primera temporada —de marzo a septiembre de 2026— han pasado por el escenario teatro de texto (Bodas de sangre como producción inaugural), comedia (La farola, Parejas formales), teatro infantil (La Estrella y La Luna), improvisación (Homo Sapiens), teatro musical (ROXY & FRED), magia, danza y drama (La piel dócil). El thriller también tiene su hueco: en septiembre estrenan Código 10-45, de la compañía Babylon Teatro —reconocida en el Certamen de Teatro de Coslada con el Premio a Mejor Dramaturgia y el Premio a Mejor Escenografía.

Esta diversidad no es indefinición: es una declaración de qué tipo de espacio quieren ser. Una sala de barrio que programa lo que el barrio necesita ver, no lo que el circuito ya tiene. Un teatro vivo, en el sentido más literal de la palabra: que respira, que cambia, que no se cierra en un solo lenguaje.

Las escuelas como parte del modelo

Salto Escénico opera también dos escuelas desde el mismo espacio. La Escuela de Teatro cubre distintos niveles de formación actoral. La Escuela de Improvisación —dirigida por Ernesto Zuazo— ofrece clases específicas en esa disciplina, con primera clase gratuita para nuevos alumnos. Ambas funcionan como parte del modelo económico de la sala, pero también como herramienta de comunidad: quien aprende teatro en un espacio tiene muchas más probabilidades de volver a él como espectador, y de traer a otros.

Ese círculo —formación, creación, representación, comunidad— es el modelo que las salas alternativas más sólidas han aprendido a construir. Una sala sin escuela es solo programación. Una escuela sin sala es solo aprendizaje. La combinación de los dos crea algo que se parece más a un ecosistema que a un negocio.

El programa de membresía Salta Conmigo completa la ecuación: entrada de bienvenida gratuita, descuentos, acceso prioritario y participación en encuestas de programación. Este último elemento —consultivo, no vinculante, pero real— dice algo sobre cómo entienden la relación con su público: no como consumidores a fidelizar, sino como comunidad con la que construir.

La pregunta de fondo

Existe en el teatro alternativo madrileño una tensión permanente entre dos modelos: el de la sala como proyecto artístico con una línea propia clara y una identidad reconocible, y el de la sala como plataforma abierta que da visibilidad a proyectos distintos. El primero construye identidad pero puede volverse hermético; el segundo construye comunidad pero puede perder profundidad.

Salto Escénico, en sus primeros meses, apuesta claramente por el segundo modelo. Es pronto para saber si esa diversidad se convertirá en una identidad propia —algo que ocurre cuando un espacio ya no se define por lo que programa sino por cómo lo programa, por el ambiente que genera, por la conversación que propicia antes y después de la función— o si quedará como una sala de alquiler con buena disposición.

Lo que ya es cierto, sin que hayan pasado seis meses desde la apertura, es que el Barrio Pacífico tiene ahora un teatro. Y eso, en sí mismo, ya es suficiente para que valga la pena prestarle atención.

Salto Escénico — datos prácticos: Calle Granada 10, Madrid (28007). Metro: Pacífico (línea 1) o Méndez Álvaro (línea 6). Web: saltoescenico.es. Contacto: info@saltoescenico.es / 684 73 33 88. Redes sociales: @saltoescenico en Instagram, YouTube, Twitter/X, Facebook y TikTok. Primera clase de la Escuela de Improvisación gratuita. Programa de membresía: Salta Conmigo.