Oriol Pla i Solina nació en Barcelona en 1993. A los seis años ya estaba en escena. No es una metáfora ni una anécdota de infancia curiosa: su familia tenía una compañía, el Teatre Tot Terreny, y el escenario era el espacio natural de la casa. Lo que para otros niños era el patio o el salón, para él era el tablado. Esa condición —crecer dentro del teatro, no llegar a él desde fuera— explica en parte lo que su trabajo tiene de integrado, de no dividido entre disciplinas.
Su formación fue deliberadamente ecléctica: circo, la escuela Lecoq, clown, mimo, acrobacia, danza, música, escritura dramática. La escuela Jacques Lecoq de París —donde se han formado generaciones de creadores que mezclan el cuerpo con el texto, el movimiento con la dramaturgia— dejó en él una huella que se ve en cada espectáculo: la convicción de que el cuerpo habla antes que la palabra, y de que el humor es una forma de conocimiento tan seria como la tragedia.
La gula como estructura social
Gula / Gola es el espectáculo que le ha valido el Premio Nacional de Teatro 2026. Lo cocreó con Pau Matas Nogué. Se estrenó en el Teatro Valle-Inclán de Madrid —en la Sala Francisco Nieva— entre el 9 de enero y el 15 de febrero de 2026, y después continuó en gira.
El punto de partida es uno de los siete pecados capitales, pero la obra no es un sermón ni una fábula medieval. La gula aquí es una metáfora de la sociedad contemporánea: la necesidad permanente de consumir, acumular experiencias, ser visto. El personaje central —un arlequín que no puede detenerse, que salta de un lugar a otro intentando complacer a todos los que lo rodean, que se refugia en la fantasía para no tener que mirar— es el retrato de una época en que la atención se ha convertido en moneda y el exceso en norma. La obra examina lo que corrompe: la desigualdad, el colapso personal bajo la presión de ser siempre más, la avaricia como clima colectivo.
El lenguaje escénico no es el del teatro de texto. Es teatro físico y clown contemporáneo: mimo, gestualidad extrema, música en vivo, la tradición de la Commedia dell'Arte filtrada por la sensibilidad del circo moderno. La crítica habló de Groucho Marx y Buster Keaton, del arlequín clásico y del payaso existencialista. El jurado del Premio Nacional lo resumió con precisión: «un espectáculo deslumbrante en que demuestra el dominio de diferentes artes y disciplinas con una técnica extraordinaria, e introduce notablemente la virtud del lenguaje del clown en la interpretación teatral».
La escuela Jacques Lecoq: Fundada en París en 1956, la escuela de Jacques Lecoq ha formado a creadores como Ariane Mnouchkine, Julie Taymor o el colectivo Complicité. Su método parte del movimiento y la máscara neutral como base de toda expresión: antes que hablar, el cuerpo debe saber estar. La influencia de Lecoq en Oriol Pla explica por qué Gula/Gola puede ser simultáneamente una obra de humor y una crítica social sin que ninguna de las dos dimensiones traicione a la otra.
El payaso como herencia familiar
La frase que Pla pronunció al enterarse del premio —«me hace muy feliz que me lo den por hacer el payaso»— no es modestia ni ironía. Es una declaración de posición estética. El clown, en la tradición de su familia y en la suya propia, no es un género menor ni un recurso cómico: es una forma de conocimiento que trabaja con los miedos, las contradicciones y la fragilidad del ser humano desde una posición de honestidad radical. El payaso no puede mentir porque su cuerpo no lo permite.
Que el Premio Nacional de Teatro 2026 llegue por este trabajo —y no por una interpretación en un texto clásico o en una gran producción institucional— dice algo sobre el momento en que se encuentra la escena española: la ampliación del canon de lo que cuenta como teatro serio.
Un año de dos premios
En 2025, Oriol Pla fue el primer actor español en ganar un Emmy Internacional por Mejor Interpretación Masculina, por la serie Yo adicto. Dos premios internacionales en menos de dos años, en registros completamente opuestos —el lenguaje del cuerpo sin palabras en teatro, y la interpretación psicológica desnuda en televisión— confirman que no estamos ante un actor de una sola cuerda. La versatilidad no es lo que lo define: lo define la profundidad con que trabaja cada lenguaje que elige.