Selene Morante, directora y fundadora de Kwenderin Producciones

Entrevista

Selene Morante

Directora y fundadora · Kwenderin Producciones
Octubre 2026

«Kwenderin es un lugar para aprender quién eres tú.»

Teatro educativo · Método Kwenderin · 20 años · Campeonato España Buero Vallejo 2022

● Entrevista · Revista de Teatro EAD · Octubre 2026

Selene Morante fundó Kwenderin sola, mientras todavía estudiaba Arte Dramático. Lo que empezó como clases extraescolares se ha convertido en veinte años en una escuela con metodología propia, un campeonato nacional ganado y cientos de alumnos que han aprendido algo más que a actuar. Hablamos con ella en el momento en que Kwenderin estrena nueva sede y reescribe su forma de trabajar.

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Antes de que existiera Kwenderin, ¿cuál era el hueco que veías en la formación teatral para niños y jóvenes en España? ¿Qué te faltaba encontrar y no encontrabas?

Kwenderin no nació planeado. Nació muy unido a mi propio viaje personal y profesional.

Empecé a dar clases para empresas de actividades extraescolares mientras todavía estaba estudiando Arte Dramático. Y, aunque entonces no podía imaginar todo lo que vendría después, muy pronto me di cuenta de que aquello me gustaba. Cuanto más enseñaba, más consciente era de los enormes beneficios que tenía el teatro para los niños, los jóvenes y, más adelante, también para los adultos.

Veía cómo los niños aprendían a concentrarse mejor, cómo desarrollaban muchísimo la memoria, cómo mejoraban sus relaciones sociales y cómo empezaban a hacer análisis interesantísimos sobre la psicología y las emociones de los personajes. Y empecé a preguntarme por qué el teatro no estaba presente de una manera más habitual en los colegios, cuando yo veía tantísimos beneficios aplicables a la educación.

A esto se suma que, cuando tenía 17 años, tuve la grandísima suerte de estudiar COU en Estados Unidos, donde el teatro y el espectáculo están muy presentes en la educación, desde Infantil hasta la universidad. Cuando regresé a España, me di cuenta de que estábamos muy lejos de esa realidad.

El teatro no ha tenido un hueco real como herramienta educativa hasta hace relativamente poco. Y, aún hoy, ni siquiera es una de las actividades extraescolares más habituales. En mi opinión, el teatro ni siquiera debería ser una extraescolar, sino una asignatura obligatoria en todas las etapas educativas. Porque no estamos hablando únicamente de aprender a actuar. Estamos hablando de aprender a escuchar, a expresarse, a comprender las emociones, a relacionarse con los demás y a conocerse a uno mismo.

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Estudiaste Arte Dramático en la Universidad de Kent y viviste en Nueva Zelanda. ¿Qué te llevaste de esa experiencia que luego se convirtió en el núcleo del Método Kwenderin?

Estudiué Interpretación en la Universidad de Kent y después trabajé y me formé en Nueva Zelanda dando clases. Ambas experiencias marcaron profundamente mi manera de entender la enseñanza teatral.

Nuestra metodología tiene una influencia muy clara del modelo inglés. Siendo honesta, creo que los ingleses siempre han tenido y, para mi gusto, siguen teniendo hoy la mejor enseñanza teatral del mundo. Desde el primer día me han influido muchísimo sus técnicas y, sobre todo, su manera de entender el teatro dentro de la educación: no como un complemento, sino como una parte fundamental de ella.

En Nueva Zelanda tuve la grandísima oportunidad de formar parte de una escuela de Teatro Musical. Allí pude poner a prueba mis conocimientos, pero también aprendí muchísimo sobre pedagogía, trabajo con grupos y técnicas para mantener el orden, la atención y el silencio sin necesidad de gritar ni enfadarse.

Puede parecer algo pequeño, pero cambió por completo nuestra forma de dar clase. Aprendí que enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en saber crear las condiciones para que cada alumno pueda aprender, desarrollarse y sentirse seguro.

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El Método Kwenderin tiene cinco pilares concretos: textos en clase, autores reales, reconocimiento en funciones finales, vestuario y escenografía de calidad, y espectáculo profesional. ¿Cómo llegaste a esos cinco y no a otros cuatro o siete?

Estos cinco pilares son, en realidad, la consecuencia de 20 años de trabajo, aprendiendo a base de prueba y error. No surgieron de la nada ni de sentarnos un día a decidir cómo queríamos que fuera nuestra metodología. Son el resultado de todo lo que hemos ido descubriendo por el camino.

Textos en clase. Porque la atención, la concentración y la memoria se desarrollan muchísimo cuando trabajamos con textos. Aprender un texto no consiste únicamente en memorizar unas palabras: hay que comprenderlas, darles sentido, escucharlas y hacerlas tuyas.

Autores reales. Como escuela, siento que tenemos la obligación de acercar a nuestros alumnos a las grandes obras y a los grandes autores. Hay historias que han sobrevivido al paso del tiempo y que forman parte de nuestra cultura. Siento que tenemos la responsabilidad de ser el canal a través del cual nuestros alumnos los descubran y aprendan a disfrutarlos.

Reconocimiento en las funciones finales. En esta escuela creemos en el trabajo duro desde el primer día. Siempre les explicamos a los alumnos que, aunque en teatro jugamos, el teatro no es ningún juego. Precisamente por eso, cuando llega el final del proceso, sentimos que tenemos la obligación de reconocer como se merece esa dedicación.

Vestuario y escenografía de calidad. No podemos pedir ese compromiso a nuestros alumnos y a sus familias y no poner nosotros lo mismo sobre la mesa. Queremos que sientan que lo que hacen importa y que su trabajo merece presentarse con la mayor calidad que podamos ofrecerles.

Espectáculo profesional. Porque todo ese camino tiene que culminar en una experiencia real. No se trata únicamente de enseñarles a actuar, sino de que comprendan todo lo que hay detrás y puedan vivirlo en primera persona.

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«El teatro da herramientas para la vida». Esa frase define tu filosofía, pero puede quedarse en un eslogan. ¿Puedes contarme un momento concreto en el que vieras esas herramientas funcionando de verdad, fuera del escenario?

Después de 20 años haciendo esto, se me amontonan los ejemplos.

Recuerdo a una alumna que perdió a un familiar siendo muy joven y dejó de hablar con los adultos. Conseguimos que empezara a comunicarse a través de juegos con marionetas. A los muñecos siempre les respondía. Y, poco a poco, aquel juego se convirtió en una puerta para volver a comunicarse.

También recuerdo a un alumno que se bloqueaba al hablar y comenzaba a tartamudear, sin ser tartamudo, simplemente por los nervios. Años más tarde se convirtió en protagonista habitual de nuestros montajes, con un temple y una seguridad difíciles de creer si lo hubieras conocido al principio.

Y hay muchísimos ejemplos más. Como el de un alumno con TDAH, medicado, que era incapaz de estarse quieto y que, sin embargo, sobre el escenario demostraba una pausa, una concentración y una capacidad de escucha que sus propios padres no podían creer.

Y quizá alguien piense: «Sí, pero eso ocurre en el escenario». Pues no. El escenario forma parte de la vida. Quien aprende a hablar sin bloquearse en el escenario puede trasladar esa seguridad a un examen oral, a una entrevista de trabajo o a cualquier otro momento en que tenga que sostenerse ante otros.

El teatro no consiste únicamente en interpretar personajes. Consiste en aprender a gestionar los nervios, a escuchar, a expresarse, a comprender a los demás y a confiar en uno mismo.

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En 2022 vuestro grupo de diecinueve jóvenes ganó el Campeonato de España Buero Vallejo con Tributo a Hamilton. ¿Qué cambió en la escuela después de ese reconocimiento?

Después de recibir semejante homenaje y vivir aquel año mágico, debo decir que no cambió mucho.

Nosotros ya éramos así antes del reconocimiento. Ya soñábamos a lo grande, ya trabajábamos con la misma pasión y ya teníamos muchísimas ganas de hacer cosas.

El premio fue una alegría inmensa y un reconocimiento precioso al trabajo de nuestros alumnos, pero no cambió nuestra esencia. No empezamos a soñar a lo grande porque alguien nos diera un premio; ya lo hacíamos antes. Y hoy por hoy seguimos haciéndolo.

Campeonato de España Buero Vallejo: el certamen más importante de teatro educativo en España. En 2022, el grupo de Kwenderin Producciones, formado por diecinueve jóvenes, ganó con Tributo a Hamilton, adaptación del musical de Lin-Manuel Miranda.

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Ahora Kwenderin está en un momento de cambios profundos, tanto en la metodología como en el espacio físico. ¿Qué se ha roto de lo anterior? ¿Qué decidiste que ya no funcionaba?

Este año ha habido muchos cambios, tanto internos como externos. Pero la realidad es que no son cambios, sino una transformación que llevamos tiempo alimentando, soñando y preparando. Sabíamos que era cuestión de tiempo poder llevarla a cabo.

Hay algo importante que quiero dejar claro: no hemos roto con lo anterior. Estoy orgullosa y satisfecha de lo que veníamos haciendo. Hemos construido muchísimo durante estos años y no reniego de nada de ese camino. Al contrario, es precisamente todo lo aprendido lo que nos ha permitido llegar hasta aquí.

No se trata de empezar de cero, sino de seguir evolucionando sin perder aquello que nos ha traído hasta aquí. Creo que una de las cosas más bonitas de llevar tantos años en esto es precisamente esa: darte cuenta de que puedes estar orgullosa de lo que has construido y, al mismo tiempo, seguir teniendo ganas de cambiarlo, mejorarlo y aprender.

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Un cambio de sede no es solo un cambio de dirección postal. ¿Qué te permite el nuevo espacio que el anterior no te daba?

El nuevo espacio nos da libertad. Libertad de verdad.

Poder gestionar nuestras propias funciones y dedicar el tiempo necesario a las luces, al sonido, a los ensayos generales, a las pruebas técnicas... Eso es un regalo. Pero hay algo que, desde el punto de vista educativo, me parece todavía más importante: que nuestros alumnos tengan un escenario en el que aprender cada día, el mismo espacio real que después utilizarán para actuar.

Imagina que entrenas todos los días con unas zapatillas y, el día de la carrera, te ponen otras. ¿Correrás igual de bien? Con el escenario ocurre algo parecido. Conocer el espacio, aprender a moverse en él, entender sus dimensiones, familiarizarse con la acústica y las luces permite que los alumnos lleguen al momento de actuar con una seguridad y una preparación mucho mayores.

Para nosotros, tener nuestro propio espacio significa también dejar de depender de las limitaciones que teníamos antes y poder trabajar de una manera mucho más coherente con lo que queremos enseñar. Es poder dedicarle a cada función el tiempo que necesita y dar a los alumnos la oportunidad de vivir el proceso completo, desde el primer ensayo hasta el momento en que se abre el telón.

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¿Hay algo en la nueva metodología que implique romper con algo que habías defendido mucho tiempo? Algo que antes creías imprescindible y que ahora has soltado.

La metodología anterior se basaba en el aprendizaje a través del montaje. Elegíamos una obra y extraíamos de ella los conocimientos que queríamos trabajar. Ahora partimos de unos objetivos pedagógicos y buscamos los números musicales y las obras que nos ayudan a cumplirlos.

Siempre que eliges un método, sacrificas algo. En este caso, quizá sacrificamos la satisfacción de quienes prefieren ver una obra completa frente a una selección de fragmentos. Puede ser. Aunque creo que esa percepción puede responder más a un prejuicio que a una realidad.

Durante años, los alumnos debían asumir el papel que les tocara y defenderlo durante todo el curso. Sigo creyendo firmemente que eso enseña muchísimas lecciones importantes: el compromiso, la responsabilidad, el trabajo en equipo. Sin embargo, ahora todos tendrán la oportunidad de probar distintos roles y explorar otras maneras de interpretar.

Creo que, en el fondo, se trata de eso: de tener la humildad de revisar algo que has defendido durante años y reconocer que quizá existe otra manera de hacerlo todavía mejor. No porque lo anterior estuviera mal, sino porque nosotros también seguimos aprendiendo.

«La escuela para nosotros termina cuando baja el telón. Pero lo inmenso ocurre fuera. Ocurre en esas familias que esperan a sus hijos, en esos padres con el ramo en las manos, con la lágrima fácil y llenos de orgullo.»

Selene Morante

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Diriges una escuela en la que los alumnos empiezan con tres años y pueden llegar a los dieciocho. Hay familias que llevan una década contigo. ¿Qué relación tiene Kwenderin con esas familias? ¿Dónde termina la escuela y empieza algo más parecido a una comunidad?

Es curioso, porque me vienen muchísimas familias a la mente. Millones de historias y recuerdos compartidos de una vida, de una carrera y de un sueño que esas familias han recorrido con nosotros.

Kwenderin empezó siendo algo muy pequeño: una profesora de teatro con una pasión que quería compartir. Ese sueño ha ido creciendo al mismo tiempo que nuestros alumnos y, casi sin darnos cuenta, han pasado 20 años. Nuestros pequeños son ahora adultos que, incluso, se han convertido en profesores de la escuela.

Nuestra lucha desde el principio ha sido acercar el teatro al ciudadano de a pie, enseñar que el teatro es de todos y para todos, y que es algo que se puede aprender y disfrutar mucho más allá de ese círculo elitista que nos han vendido.

La escuela para nosotros termina cuando baja el telón. Al cierre de esa última gala, los profes, en el silencio y la oscuridad, sonreímos, nos abrazamos y damos el curso por acabado.

Pero lo inmenso ocurre fuera. Ocurre en esas familias que esperan a sus hijos, en esos padres y amigos con el ramo en las manos, con la lágrima fácil y llenos de orgullo. En esas conversaciones en los pasillos durante el descanso de la obra. En esas miradas cómplices cuando corro al escenario desde el control de luces...

Ahí me doy cuenta de que Kwenderin ha trascendido más allá de ser una mera escuela. Ha sido la semilla de algo mucho más grande y mucho más bonito: una comunidad. Y creo que ese es uno de los regalos más grandes que nos han dado estos 20 años.

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¿Cómo te mantienes como creadora dentro de una estructura que exige tanta gestión, enseñanza y producción? ¿Hay un espacio en tu trabajo diario que sea solo tuyo, donde seas artista antes que directora de escuela?

Tengo la suerte de ser una persona muy creativa y, además, me encanta lo que hago. Así que, aunque hay muchísimas horas de gestión, siempre encuentro momentos para crear, imaginar cosas nuevas y dar forma a todas esas ideas que me rondan la cabeza.

Especialmente en los trayectos en coche, donde puedo dejar la mente libre y dejarme llevar por el nuevo musical que estamos preparando, por ese número que llevo años queriendo hacer, por esa escenografía que no puedo esperar para construir o por todos esos proyectos que teníamos aparcados y que, por fin, ahora podemos llevar a cabo.

Son momentos en los que mi cabeza vuelve a ese lugar en el que todo es posible. Sigo teniendo la misma ilusión por crear que tenía al principio. Sigo emocionándome con una idea, con un número musical o con una escenografía que todavía no existe. Y mientras eso siga ocurriendo, creo que seguiré teniendo motivos para levantarme cada día con ganas de hacer cosas nuevas.

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Si alguien que no conoce Kwenderin te preguntara qué es exactamente, ¿qué le dirías en una sola frase?

Kwenderin es un lugar para aprender quién eres tú.

Entrevista realizada por Antonio Hernández López para El Alma Desnuda.
Octubre 2026.